Vivir en opuestos

La naturaleza de la mente es vivir en opuestos. 

La mente no puede sobrevivir en un polo, sea en el positivo o solo en el negativo. Cuando es negativa quiere ser positiva, cuando es positiva ella mira hacia el otro lado. Así, constantemente crea interiormente un torbellino, un subir y bajar.

Cada decisión, cada impulso, cada acción, la mente continúa corriendo, mirando para algo, para algo mejor, tratando de mejorarse, queriendo volverte mejor persona, haciéndote sentir un ser especial, queriéndote obtener mayor estatus,…, siempre queriendo más y mejor. La lista de metas que crea la mente es infinita, y siempre enfocada en el futuro.  En el futuro seré mejor, en el otro lado del río hay el paraíso, cualquier riesgo es para enriquecer e ir hacia el otro lado.  Donde estoy no es suficiente.  Más tarde es mejor. Estoy en el infierno, y tengo que llegar al cielo.  Tengo que trabajar, y trabajar, y trabajar para volverme mejor, para cambiarme a mi mismo.  Y así, nuestro enfoque está siempre en otro lugar.

La mente nos toma fuera de nosotros mismos. No vemos que es lo que está realmente sucediendo. No vemos quienes somos, no vemos como nos sentimos, todo lo que sabemos sobre nosotros mismos está en el campo de la imaginación. Es siempre mañana. Es siempre mejor. Mañana y mejor solo puede ser imaginarios, no puede ser lo que realmente es. Así que no sabemos quien realmente somos mientras sigamos mirando con la mente, o siguiendo a la mente.

Meditación es cuando nos permitimos volvernos alerta, con una amorosa aceptación y sin juicio mental hacia nosotros.

Es como estar en la estación de tren mirando los trenes llegar y marchar. El tren llega, se abren las puertas, te invita a entrar y tu estás allí sentado en el andén sin moverte, relajado, hasta que el tren cierra sus puertas y se va.

Solo así puedes ver el tren de los pensamientos pasando por tu pantalla mental, llegando desde ningún lugar, y desapareciendo en ningún lugar. La mayoría de pensamientos que vienen no son más que viejas memorias, viejas historias, que no tienen ningún valor sobre que y quien tu eres ahora.