El lugar que ocupamos como Hombres en nuestras relaciones y en la sociedad y la forma en la que vemos y vivimos nuestra masculinidad son aspectos fuertemente por el vinculo y la relación con nuestra madre y nuestro padre y todo aquello que nos han transmitido.
Muchos hombres han convivido con padres que despues de la jornada laboral se retiraban en silencio “a su propio mundo” y no estaban presentes emocionalmente. En este contexto toma mas peso la imagen que la madre transmite del padre, de forma consciente o inconsciente al hijo en crecimiento. Esta imagen puede ser negativa o positiva, dependiendo de cómo fue o acabó la relación.
A menudo en los talleres de Hombres me encuentro con hombres que hablan de esta presencia dominante de la madre y de la sensación de ausencia de la figura paterna. Lo que manifiestan muchos de estos hombres es que todavía como adultos sienten que no han logrado salir de la dependència y del campo de la influencia de la madre dominante y que ello se repite en sus relaciones de pareja. En situaciones de conflicto les falta la estabilidad y la fuerza masculina para expresar y mantener con firmeza aquello que sienten como hombres, cayendo de nuevo en la dinámica de ser “buenos chicos”.
Quiero remarcar que la descripción de esta realidad no va en contra de lo femenino. No obstante cuando se trata de la iniciación al mundo de los hombres y de transmitir una visión auténtica de la masculinidad quedan patentes la necesidad de un referente masculino y las limitacions de la figura materna. El hombre tiene que cortar el el cordón umbilical una segunda vez mediante el proceso de desvinculación de su madre que Bly describe de una forma muy bonita como el punto de partida a la iniciación al mundo de los hombres. Ese es el espacio de reencuentro con la masculinidad que brindamos en el círculo de Hombres.


Hombre: ¿Hacía dónde te diriges?